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Edgard Allan Poe. El Retrato Oval. Era una joven de peregrina belleza, tan graciosa como amable, que en mala hora amó al pintor y se desposó con él.

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Foto. BYTBART

Edgard Allan Poe. Boston 1809. Baltimore 1848.

EL RETRATO OVAL. 1842. (FRAGMENTO).

Era una joven de peregrina belleza, tan graciosa como amable, que en mal hora amó al pintor y se desposó con él.

Él tenía un carácter apasionado, estudioso y austero, y había puesto en el ARTE  sus amores; ella, joven, de rarísima belleza, toda luz y sonrisas, con la alegría de un cervatillo, amándolo todo, no odiando más que el ARTE, que era su rival, no temiendo más que la paleta, los pinceles y demás instrumentos importunos que le arrebataban el amor de su adorado.

Terrible impresión causó a la dama oír al PINTOR hablar del deseo de retratarla. Mas era humilde y sumisa, y sentóse pacientemente, durante largas semanas, en la sombría y alta habitación de la torre, donde la luz se filtraba sobre el pálido lienzo solamente por el cielo raso.

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El pintor y la modelo. 1963. Pablo Picasso.

El ARTISTA cifraba su gloria en su obra, que avanzaba de hora en hora, de día en día. Y era un hombre vehemente, extraño, pensativo y que se perdía en mil ensueños; tanto que no veía que la luz que penetraba tan lúgubremente en esta torre aislada secaba la salud y los encantos de su mujer, que se consumía para todos excepto para él.

Ella, no obstante, sonreía más y más, porque veía que el PINTOR, que disfrutaba de gran fama, experimentaba un vivo y ardiente placer en su tarea, y trabajaba noche y día para trasladar al lienzo la imagen de la que tanto amaba, la cual de día en día tornábase más débil y desanimada.

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Y, en verdad, los que contemplaban el retrato, comentaban en voz baja su semejanza maravillosa, prueba palpable del genio del PINTOR, y del profundo amor que su modelo le inspiraba.

Pero, al fin, cuando el trabajo tocaba a su término, no se permitió a nadie entrar en la torre; porque el PINTOR había llegado a enloquecer por el ardor con que tomaba su trabajo, y levantaba los ojos rara vez del lienzo, ni aun para mirar el rostro de su esposa. Y no podía ver que los colores que extendía sobre el lienzo borrábanse de las mejillas de la que tenía sentada a su lado.

Y cuando muchas semanas hubieron transcurrido, y no restaba por hacer más que una cosa muy pequeña, sólo dar un toque sobre la boca y otro sobre los ojos, el alma de la dama palpitó aún, como la llama de una lámpara que está próxima a extinguirse.

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Calavera. Van Gogh

Y entonces el PINTOR, dio los toques, y durante un instante quedó en éxtasis ante el trabajo que había ejecutado. Pero un minuto después, estremeciéndose, palideció intensamente herido por el TERROR, y gritó con voz terrible: “¡En verdad, esta es la vida misma!” Se volvió bruscamente para mirar a su bien amada: ¡Estaba muerta!”

Edgard Allan Poe

Edgard Allan Poe. El Retrato Oval. Era una joven de peregrina belleza, tan graciosa como amable, que en mala hora amó al pintor y se desposó con él.

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