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Acuarela. Cardoso. ¡Hoy el espacio es fabuloso! sin freno, espuelas o brida partamos a lomos del vino ¡A un cielo divino y mágico!

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ACUARELA. CARDOSO

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CARDOSO. Artista. Pintor, escultor

Creo que esta magnifica acuarela de Cardoso ilustrará hoy muy bien la obra del excelso y aún maldito poeta parisino.

Charles Baudelaire. Poeta, escritor, traductor, crítico de arte. Una de sus obras más relevante es Las flores del mal que comprende una colección de poemas (casi la totalidad de su obra), y que con el tiempo se ha convertido en imprescindible, de ella se realizaron 3 ediciones, 1857/61/68. La de 1868 es una edición póstuma, en todas ellas se van eliminando poemas (prohibidos) y añadiendo otros nuevos.

LAS FLORES DEL MAL

En El alma del vino uno de los poemas que componen Las flores del mal Baudelaire escribe…

-Una noche el alma del vino cantó en las botellas:

“¡Hombre hacia ti elevo ¡oh! querido desheredado,

Bajo mi prisión de vidrio y mis lacres bermejos,

Una canción colmada de luz y de fraternidad!

Charles Baudelaire (fragmento)

Tambien en Las flores del mal escribió Baudelarie este poema

EL VINO DE LOS AMANTES

¡Hoy el espacio es fabuloso!
Sin freno, espuelas o brida,
Partamos a lomos del vino
¡A un cielo divino y mágico!

Cual dos torturados ángeles
Por calentura implacable,
En el cristal matutino
Sigamos el espejismo.

Meciéndonos sobre el ala
De la inteligente tromba
En un delirio común,

Hermana, que nadas próxima,
Huiremos sin descanso
Al paraíso de mis sueños.

Charles Baudelaire. París 1821/67

Acuarela. Cardoso. ¡Hoy el espacio es fabuloso! sin freno, espuelas o brida partamos a lomos del vino ¡A un cielo divino y mágico!

Acuarela. Cardoso. Pintores. Pintura. Poesía. Baudelaire. Escritores. Poesía. Las flores del mal. El vino de los amantes.

 

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Charles Baudelaire. ¡Ya! – El “Spleen de París” o los “Pequeños Poemas en Prosa”.

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Ilustración. By Tb Art.

CHARLES BAUDELAIRE

El “Spleen de París” o los “Pequeños Poemas en Prosa”

“¡YA!”

Por cien veces había salido ya el sol, radiante o entristecido, de la inmensa cuba del mar, cuyos bordes apenas se dejan entrever; por cien veces se había vuelto a sumergir, centelleante o taciturno, en su inmenso baño de la noche.

Desde hacía muchos días podíamos contemplar el otro lado del firmamento y descifrar el alfabeto celeste de las antípodas. Y cada uno de los pasajeros gemía y gruñía. Se hubiera dicho que la proximidad de la tierra exasperaba un sufrimiento.

– ¿Cuando (decían) dejaremos de dormir un sueño sacudido por las olas, turbado por un viento que ronca más intensamente que nosotros? ¿Cuándo podremos comer una carne que no esté salada, como el infame elemento que nos lleva? ¿Cuando podremos hacer la digestión en un sillón inmóvil?

Los había que pensaban en su hogar, que añoraban a sus fieles y freaticas mujeres, y a su chillona prole. Estaban todos tan enloquecidos por la imagen de la tierra ausente, que me parece que hubiesen comido hierba con más entusiasmo que las bestias.

Finalmente se avistó la orilla; y vimos al acercarnos, una tierra magnifica, deslumbrante. Parecía que la música de la vida se desprendiese de ella en un vago murmullo y que de aquellas costas, ricas en todo tipo de verdor, se exhalara en varias lenguas un delicioso aroma de flores y de frutos.

Pronto cada uno estuvo alegre, abdicando todos de su mal humor. Todas las peleas fueron olvidadas, perdonados los errores recíprocos; los duelos concertados quedaron borrados de la memoria, y los rencores se desvanecieron como el humo.

Yo sólo estaba triste, inconcebiblemente triste. Parecido a un sacerdote  al que despojasen de su divinidad, no podía, sin una dolorosa amargura, desprenderse de aquel mar tan monstruosamente seductor, de aquel mar tan infinitamente variado en su infinita sencillez, y que parece contener en sí, al tiempo que representar con sus juegos, su porte, sus cóleras y sus sonrisas, los humores, agonías y extasis de cuantas almas han vivido, viven y vivirán.

Al decir adiós a aquella belleza incomparable, me sentía abatido hasta la muerte, por lo cual, cuando uno de mis compañeros dijo: “¡Por fin!”, yo sólo pude gritar:”¡Ya!”

Pero era la tierra, la tierra con sus ruidos, sus pasiones, sus comodidades, sus fiestas; era una tierra rica y magnífica, llena de promesas, que nos enviaba un maravilloso perfume de rosas y de almizcle y de la que las músicas de la vida nos llegaban en amoroso murmullo.

CHARLES BAUDELAIRE. ¡YA!. EL “SPLEEN DE PARÍS” O LOS “PEQUEÑOS POEMAS EN PROSA”.

Literatura. Charles Baudelaire. Baudelaire. Escritores. El Spleen de París.

 

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Cardoso. Acuarela. “La creación es un templo de pilares vivientes que a veces salir dejan sus palabras confusas” Baudelaire.

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Acuarela. Paisaje. Cardoso.

Cardoso. “El artista que juega con el agua”, nos presenta hoy este magnifico paisaje que nos  transporta  por los caminos, entre varetas y retama, (como Camarón), sus venas azuladas, los colores del sur; los nuevos descubrimientos deslumbrantes y soñados por Paul Klee en el infinito horizonte del tranquilo y cálido Mar Mediterráneo… La luz clara, que te arrebata, te transporta…, te seda.

El mar está cerca; la ciudad se aletarga a la hora de la siesta”. TBART.

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Correspondencias

La Creación es un templo de pilares vivientes
Que a veces salir dejan sus palabras confusas;
El hombre lo atraviesa entre bosques de símbolos
Que lo contemplan con miradas familiares. 

Como los largos ecos que de lejos se mezclan
Con una tenebrosa y profunda unidad,
Vasta como la luz, como la noche vasta,
Se responden sonidos, colores y perfumes. 

Hay perfumes tan frescos como carnes de niños,
Dulces tal como oboes, verdes cual las praderas
Y hay otros, corrompidos, ricos y triunfantes,
Que tienen la expansión de cosas infinitas,
Como el almizcle, el ámbar, el benjuí y el incienso,
Que cantan los transportes de sentidos y espíritu.

Charles Pierre Baudelaire. París 1821-1867.

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Cardoso. Acuarela. “La creación es un templo de pilares vivientes que a veces salir dejan sus palabras confusas”. Baudelaire.

Pintura. Cardoso. Pintores. Acuarela. Poesía. Baudelaire. Correspondencias. Camarón. Paul Kiee. 

 

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Fotografía. Mindor. Paisaje. ¡Embriáguense, embriáguense sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca.

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Fotografía. Paisaje. Mindor.

Mindor, estaba allí para realizar esta magnífica toma. Y ahora…

EMBRIÁGUENSE

Hay que estar ebrio siempre. Todo reside en eso: esta es la única cuestión.

Para no sentir el horrible peso del tiempo que nos rompe las espaldas y nos hace inclinar hacia la tierra,

Hay que embriagarse sin descanso.

Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca. Pero embriáguense.

Y si a veces, sobre las gradas de un palacio, sobre la verde hierba de una zanja,

En la soledad huraña de su cuarto,

La ebriedad ya atenuada o desaparecida ustedes se despiertan pregunten al viento,

A la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj,

A todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta,

A todo lo que habla, pregúntenle qué hora es;

Y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, contestarán:

“¡Es hora de embriagarse!”

Para no ser los esclavos martirizados del tiempo,

¡Embriáguense, embriáguense sin cesar!

De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca.

 Charles Baudelaire

Fotografía. Mindor. Paisaje. ¡Embriáguense, embriáguense sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca.

Fotografía. Paisaje. Mindor. Fotógrafos. Poesía. Charles Baudelaire. Embriáguense. Baudelaire.

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Cardoso. Escultura. Aquel cuyas ideas, cual si fueran alondras, levantan hacia el cielo matutino su vuelo. Charles Baudelaire.

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Cardoso. Escultura.

Cardoso nos muestra esta magnífica escultura llena de estilizada belleza y movimiento.

¡Feliz aquel que puede con brioso aleteo
Lanzarse hacia los campos luminosos y calmos!

POESIA

Elevación

Por encima de estanques, por encima de valles,
De montañas y bosques, de mares y de nubes,
Más allá de los soles, más allá de los éteres,
Más allá del confín de estrelladas esferas,

Te desplazas, mi espíritu, con toda agilidad
Y como un nadador que se extasía en las olas,
Alegremente surcas la inmensidad profunda
Con voluptuosidad indecible y viril.

Escápate muy lejos de estos mórbidos miasmas,
Sube a purificarte al aire superior
Y apura, como un noble y divino licor,
La luz clara que inunda los límpidos espacios.

Detrás de los hastíos y los hondos pesares
Que abruman con su peso la neblinosa vida,
¡Feliz aquel que puede con brioso aleteo
Lanzarse hacia los campos luminosos y calmos!

Aquel cuyas ideas, cual si fueran alondras,
Levantan hacia el cielo matutino su vuelo

-¡Que planea sobre todo, y sabe sin esfuerzo,
La lengua de las flores y de las cosas mudas!

Charles Baudelaire

Cardoso. Escultura. Aquel cuyas ideas, cual si fueran alondras, levantan hacia el cielo matutino su vuelo. Charles Baudelaire.

Cardoso. Escultura. Escultores. Poesía. Baudelaire. Elevación. 

 

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Escultura. Dos muchachas. Two Girls. Albert. Müller. Hay un país soberbio, un país de Jauja -dicen-, que sueño visitar con una antigua amiga.

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Dos muchachas. Two Girls. Albert Müller. 1924/5. Foto, by TBART
Madera tallada y pintada.

Expresionismo Suizo.

Albert Müller. Basilea. 1897/26. Pintor, Escultor, Dibujante, Grabador.

LA INVITACIÓN AL VIAJE.
Hay un país soberbio, un país de Jauja -dicen-, que sueño visitar con una antigua amiga.
País singular, anegado en las brumas de nuestro Norte, y al que se pudiera llamar el Oriente de Occidente, la China de Europa: tanta carrera ha tomado en él la cálida y caprichosa fantasía; tanto la ilustró paciente y tenazmente con sus sabrosas y delicadas vegetaciones.
Un verdadero país de Jauja, en el que todo es bello, rico, tranquilo, honrado; en que el lujo se refleja a placer en el orden; en que la vida es crasa y suave de respirar; de donde están excluídos el desorden, la turbulencia y lo improvisto; en que la felicidad se desposó con el silencio; en que hasta la cocina es poética, pingüe y excitante; en que todo se te parece, ángel mío.
¿Conoces la enfermedad febril que se adueña de nosotros en las frías miserias, la ignorada nostalgia de la tierra, la angustia de la curiosidad? Un país hay que se te parece, en que todo es bello, rico, tranquilo y honrado, en que la fantasía edificó y decoró una China occidental, en que la vida es suave de respirar, en que la felicidad se desposó con el silencio. ¡Allí hay que irse a vivir, allí es donde hay que morir!
Sí, allí hay que irse a respirar, a soñar, a alargar las horas en lo infinito de las sensaciones. Un músico ha escrito la Invitación al vals; ¿quién será el que componga la invitación al viaje que pueda ofrecerse a la mujer amada, a la hermana de elección?
Sí, en aquella atmósfera daría gusto vivir; allá, donde las horas más lentas contienen más pensamientos, donde los relojes hacen sonar la dicha con más profunda y más significativa solemnidad.
En tableros relucientes o en cueros dorados con riqueza sombría, viven discretamente unas pinturas beatas, tranquilas y profundas, como las almas de los artistas que las crearon. Las puestas del Sol, que tan ricamente colorean el comedor o la sala, tamizadas están por bellas estofas o por esos altos ventanales labrados que el plomo divide en numerosos compartimientos.
Vastos, curiosos, raros son los muebles, armados de cerraduras y de secretos, como almas refinadas. Espejos, metales, telas, orfebrería, loza, conciertan allí para los ojos una sinfonía muda y misteriosa; y de todo, de cada rincón, de las rajas de los cajones y de los pliegues de las telas se escapa un singular perfume, un vuélvete de Sumatra, que es como el alma de la vivienda.
Un verdadero país de Jauja, te digo, donde todo es rico, limpio y reluciente como una buena conciencia, como una magnífica batería de cocina, como una orfebrería espléndida, como una joyería policromada. Allí afluyen los tesoros del mundo, como a la casa de un hombre laborioso que mereció bien del mundo entero. País singular, superior a los otros, como lo es el Arte a la Naturaleza, en que ésta se reforma por el ensueño, en que está corregida, hermoseada, refundida.
¡Busquen, sigan buscando, alejen sin cesar los límites de su felicidad esos alquimistas de la horticultura! ¡Propongan premios de sesenta y de cien mil florines para quien resolviere sus ambiciosos problemas! ¡Yo ya encontró mi tulipán negro y mi dalia azul!
Flor incomparable, tulipán hallado de nuevo, alegórica dalia, allí, a aquel hermoso país tan tranquilo, tan soñador, es adonde habría que irse a vivir y a florecer, ¿no es verdad? ¿No te encontrarías allí con tu analogía por marco y no podrías mirarte, para hablar, como los místicos, en tu propia correspondencia?
¡Sueños! ¡Siempre sueños!, y cuanto más ambiciosa y delicada es el alma tanto más la alejan de lo posible los sueños. Cada hombre lleva en sí su dosis de opio natural, incesantemente segregada y renovada, y, del nacer al morir, ¿cuántas horas contamos llenas del goce positivo, de la acción bien lograda y decidida? ¿Viviremos jamás, estaremos jamás en ese cuadro que te pintó mi espíritu, en ese cuadro que se te parece?
Estos tesoros, estos muebles, este lujo, este orden, estos perfumes, estas flores milagrosas son tú. Son tú también estos grandes ríos, estos canales tranquilos. Los enormes navíos que arrastran, cargados todos de riquezas, de los que salen los cantos monótonos de la maniobra, son mis pensamientos, que duermen o ruedan sobre tu seno.
Tú los guías dulcemente hacia el mar, que es lo infinito, mientras reflejas las profundidades del cielo en la limpidez de tu alma hermosa; y cuando, rendidos por la marejada y hastiados de los productos de Oriente, vuelven al puerto natal, son también mis pensamientos, que tornan, enriquecidos de lo infinito, hacia ti.
LA INVITACIÓN AL VIAJE. CHARLES BAUDELAIRE

Escultura. Dos muchachas. Two Girls. Albert. Müller. Hay un país soberbio, un país de Jauja -dicen-, que sueño visitar con una antigua amiga.

Escultura. Albert Müller. Escultores. Expresionismo. Amiga. Arte. Baudelaire.

Cardoso. Acuarela. “Ángeles de oro vestidos, de púrpura y de jacinto. El genio y el amor son fáciles deberes”. Baudelaire.

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Acuarela. Cardoso.

POESIA.

Orgullo.

Ángeles de oro vestidos, de púrpura y de jacinto.
El genio y el amor son fáciles deberes.

Amasé sólo barro y de él extraje oro

Llevaba en la mirada el brío del corazón.
En París, su desierto, viviendo a la intemperie,
Fuerte como una bestia y libre como un Dios.

Charles Baudelaire.

Cardoso. Acuarela. Poesía. Baudelaire. Tomás Bartolomé.