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Estoicismo. Epicteto, y Agripino, con la seguridad de una roca

Epicteto. Claude Reydellet. Gabado del siglo XVIII by Beyssent

Estoicismo. Doctrina filosófica. Fundada por Zenón de Citio, el año 301 a. de C, en Atenas.

Estoicos. Practicaban el dominio de las pasiones que perturban la vida, valiéndose para ello, de la virtud y la razón.

Preconizan, que se pueden alcanzar la libertad, y la paz espiritual, prescindiendo de la materialidad, la comodidad, y la fortuna externa, a base de razón y la virtud, creen, que siempre nos encontramos presos de alguna situación, de algo, que babosamente, impregnandonos, nos corroe.

Dominadores esclavos, enfermos, o encarcelados, tratan de mostrase, siempre serenos y seguros, no son, (como se cree de ellos), personas abnegadas, y sacrificadas, mas, son serenos, resueltos, y con frecuencia, muestran la seguridad de una roca, en los momentos difíciles y tormentosos.
Se cuentan muchas situaciones que nos llevan a reflexionar, sobre el modo en que estos doctrinarios, epataban a quienes sabían de sus hechos y soluciones.

En una ocasión, un agresor amenazó de muerte a un estoico, le dijo, «Ecúchame con atención, si no haces lo que te mando, morías ahora mismo». El estoico, mirándole limpia y serenamente a los ojos, le contestó, «Tu harás lo que quieras…, yo también lo haré».

Todos, a veces, en la vida, nos topamos, en nuestro camino, con que este, en un momento dado, se bifurca en dos posibles, y ante esto, se nos muestra desnuda, una molesta encrucijada…, si elegimos uno de ellos, se gana algo valioso, mas se pierde también algo, que podría serlo aún más, el dilema es que si se elige la opción contraria, el problema nos es devuelto, como la implacable imagen de un espejo, ¡El problema sigue ahí!

DILEMA Problema que puede ser resuelto, por medio de dos soluciones, aunque, ninguna de las dos, resulta completamente satisfactoria; o por el contrario, las dos, son igualmente aceptables.

Busto del emperador Nerón

Los dilemas pasaron a mejor día con los estoicos

La siguiente historia, acaece en Roma. Encontrándose el emperador Nerón, (del 54 al 68 d C), ejerciendo activamente, sus macabros juegos de arte y muerte, en los que su sublimado y enfermizo gozo, se traducía, en la humillación pública, de los romanos más influyentes del imperio, que eran obligados dramáticamente a mostrarse disfrazados, y a representar en el teatro las obras, de la que él mismo era autor, con el fin, de ridiculizarlos… Un prestigioso historiador romano llamado Floro, aterrorizado, un día, se dirigió raudo y muy nervioso, al domicilio de Agripino, (famoso estoico), en busca de consejo. Ha sucedido algo terrible, le dijo, Nerón me obliga a participar en su horrendo juego de sometimiento, y así humillarme públicamente ante toda Roma, y lo que es más cruel, ante las personas que son mis amigos, todos aquellos que me importan, y a los cuales importo yo. El estoico entonces le contestó dulcemente, «Hace unas horas, recibí la misma orden.»… Y que harás. Agripino respondió, «Tú irás, yo no». Floro desesperado, finalmente dijo, ¿porque tú no, y yo si?, Agripino entonces contestó… «Porque tú te has planteado la pregunta.»

Los remordimientos deNerón después de asesinar a su madre. John William Waterhouse

Acabado ya el periodo de dramatismo, y locura protagonizado por Nerón, y ya en tiempos de Domiciano (del 81 al 96), cruel azote de los filósofos, y en especial de los estoicos, aconteció el siguiente hecho, tuvo la idea el sátrapa, de ordenar a todos los filósofos de Roma, que se afeitaran la barba, bajo la amenaza, de que si no cumplían la orden, serían condenados a muerte, o al terrible destierro. Para aquellos pensadores, y el resto de la sociedad, la barba suponía más que un adorno, era un símbolo, y muchas veces una popular representación. Una delegación enviada por el emperador, comunicó personalmente a Epicteto, la intolerable orden, a la cual él respondió inmediatamente, «No, no me afeitaré». Entonces los soldados, airados le contestaron, atente entonces, a las inevitables consecuencias de tu negativa, morirás ejecutado. Epicteto respondió, «¿Estáis. hablando de este cuenco de barro y este cuartillo de sangre que es mi cuerpo? Hacedlo, solo lo fui recibido por un tiempo».

Finalmente, ni Epicteto, ni Agripino, cedieron al vil chantaje, por lo que fueron desterrados.

Estoicismo. Epocteto y Agripino, con la seguridad de una roca

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