23 mayo 2017

León Tolstoi. La Muerte de Iván Ilich. ¿Y si toda mi vida, mi vida consciente ha sido de hecho lo que no debía ser?

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León Tolstoi. Escritor y pensador ruso. 1824. 1910.

Hijo de la nobleza rusa. Padres terratenientes aristócratas.

Está considerado como uno de los más grandes escritores de la literatura universal. Muy interesado por las causas sociales y la moral de la época, es muy crítico con la sociedad y consecuente en sus acciones. Se impone la pobreza y el trabajo manual. Intenta renunciar a sus bienes materiales, pero se encuentra con la oposición de su familia que finalmente, se lo impide.

Él, es partidario de la abdicación de la propiedad y la no violencia.

La Muerte de Iván Ilich. Novela 1886.

Muerte. Soledad inmensa, desierto infinito que llora minúsculas ácidas lágrimas de sol ardientes como ascuas enrojecidas bajo un rayo deslumbrante, destructor, pesado y plomizo; una precisa luz cruda hiriente y salada como la memoria de lo que fue y lo que esconde.

Preguntas. Incomprensión, Terror, Certezas, Lucidez… y como consecuencia un claro y meridiano resumen de su vida.

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Obra de Marty Bolonio. Escultura -detalle- Foto By Tb Art, archivos fondos propios.

ARGUMENTO

Ivan Ilich. Es un funcionario del estado Zarista. Estudia, se casa, tiene hijos y una mujer de la que pronto se cansa. Le gusta su trabajo y asciende a fiscal. Se sabe con poder sobre las vidas, y no le disgusta. Su mujer le aburre. Se centra en su profesión; cada vez llega más tarde a casa.

Cuando ya creía haber logrado sus objetivos profesionales, un golpe tonto en un costado mientras cambiaba unas cortinas en casa deriva en una terrible enfermedad que los médicos no saben explicar. Comprende que se muere y en ese mismo momento se da cuenta de que su vida ha estado vacía de sentimiento y sentido. Iván Ilich, está enfermo y va a morir.

Os dejo con una pequeña muestra de esta deliciosa novela.

Iván Ilich vio que se moría y su desesperación era continua. En el fondo de su ser sabía que se estaba muriendo, pero no sólo no se habituaba a esa idea, sino que sencillamente no la comprendía ni podía comprenderla.

El silogismo aprendido en la Lógica de Kiezewetter:

«Cayo es un ser humano, los seres humanos son mortales, por consiguiente Cayo es mortal», le había parecido legítimo únicamente con relación a Cayo, pero de ninguna manera con relación a sí mismo.

Que Cayo -ser humano en abstracto- fuese mortal le parecía enteramente justo; pero él no era Cayo, ni era un hombre abstracto, sino un hombre concreto, una criatura distinta de todas las demás: él había sido el pequeño Vanya para su papá y su mamá, para Mitya y Volodya, para sus juguetes, para el cochero y la niñera, y más tarde para Katenka, con todas las alegrías y tristezas y todos los entusiasmos de la infancia, la adolescencia y la juventud.

¿Acaso Cayo sabía algo del olor de la pelota de cuero de rayas que tanto gustaba a Vanya? ¿Acaso Cayo besaba de esa manera la mano de su madre? ¿Acaso el frufrú del vestido de seda de ella le sonaba a Cayo de ese modo? ¿Acaso se había rebelado éste contra las empanadillas que servían en la facultad? ¿Acaso Cayo se había enamorado así? ¿Acaso Cayo podía presidir una sesión como él la presidía?

Cayo era efectivamente mortal y era justo que muriese, pero «en mi caso -se decía-, en el caso de Vanya, de Iván Ilich, con todas mis ideas y emociones, la cosa es bien distinta. y no es posible que tenga que morirme. Eso sería demasiado horrible».

Así se lo figuraba. «Si tuviera que morir como Cayo, habría sabido que así sería; una voz interior me lo habría dicho; pero nada de eso me ha ocurrido. Y tanto yo como mis amigos entendimos que nuestro caso no tenía nada que ver con el de Cayo. ¡Y ahora se presenta esto! -se dijo-. ¡No puede ser! ¡No puede ser, pero es! ¿Cómo es posible? ¿Cómo entenderlo?»

Y no podía entenderlo. Trató de ahuyentar aquel pensamiento falso, inicuo, morboso, y poner en su lugar otros pensamientos saludables y correctos. Pero aquel pensamiento -y más que pensamiento la realidad misma- volvía una vez tras otra y se encaraba con él.

León Tolstoi. La Muerte de Iván Ilich. ¿Y si toda mi vida, mi vida consciente ha sido de hecho lo que no debía ser?

León Tolstoi. Tolstoi. La Muerte de Iván ilich. Literatura. Novela. Escritores.

 

3 Comentarios

  1. pedro maria carpena

    Un libro que me dejó una huella indeleble en el alma.

  2. pedro maria carpena

    Siempre Iván Ilich me ha recordado a Gregorio Samsa, y viceversa (por algo más que la inquietante atmósfera que envuelve ambos

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